Colección
¿QUÉ NOS CONTAMOS HOY?
Formato
210 x 140
Encuadernación
Cosido y con solapas.
El 5 de noviembre de 2025 en librerías.
ISBN
978-84-10182-22-6
PVP
22,90
Traducción de José Aníbal Campos
“El mal nunca aparece en su forma pura. La voz narrativa observa los acontecimientos con precisión y enorme empatía, sin juzgar, y los describe con una opulencia visual y sensual encantadora”
- Die Presse
La novela plantea un caso de síndrome de Munchausen y viaja por los vericuetos de una mente asesina que el lector no sospecha, aunque en el fondo lo espere.Una historia en la que amor y crueldad se atan firme y faltamente. Una novela llena de giros inesperados, escrita con un lenguaje muy plástico y una prosa minuciosa, que la crítica alemana ha comparado con una pintura de El Bosco o un cuento de los hermanos Grimm.
“Limones es un intento muy logrado de encontrar un lenguaje gélido para el odio que puede esconderse en el amor, y de contar al mismo tiempo una historia inquietante y fascinante”
- Tagesspiegel
“Sólo tengo un lenguaje, y este lenguaje se basa en intentar describir el mundo con extrema precisión, sin juzgarlo, y aun así, contemplando con cariño sus lados más oscuros. Así es como veo el mundo y lo traduzco en palabras”
- Valerie Fritsch, Kronen Zeitung
‘Limones’, de Valerie Fritsch, infancias robadas La autora austriaca convierte el horror familiar en un relato hipnótico y desgarrador a través de una infancia marcada por la violencia y la desprotección. De una belleza perturbadora, donde anida, desde la primera página, una mezcla estremecedora de horror y de desgarrada y terrible vulnerabilidad, la novela ‘Limones’ de la autora austriaca Valerie Fritsch (Grazen, 1989) es una pequeña obra maestra. Mercedes Monmany para ABC Cultural | 24/02/2026
Comparado con qué. Opinión | Parece una tontería. »(…) La semana pasada, leyendo una novela soberbia, ‘Limones‘, de Valerie Fritsch, en De Conatus, reparé en un pasaje que me hizo entender mejor el perfecto estado de conservación de la gabardina de mi abuelo. «[A Lilly Drach] Le resultaba ajena la gente que guardaba la vajilla buena en vitrinas, que la contemplaba año tras año detrás de los cristales como si se tratase de algo lejano y exótico, algo que era preciso cuidar y de lo que había que cuidarse, como si las tazas de porcelana y los vasos de cristal fueran animales en un zoo», decía el pasaje. Me sentí parte, al leerlo, de una generación no dispuesta a sacrificar el uso corriente de las cosas solo por el deseo de que duren detrás de una vitrina o dentro de un armario. Encuentro más placer en gastarlas que en conservarlas. Pero admito que la comparación con la generación de mi abuelo no deja un ganador claro.»